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En Besos Fríos Vintage, la forma de exhibir objetos vintage comienza por entender su procedencia, con qué otras piezas se relacionan y el espacio que necesitan.
Laura Negrete y Cristian Aburto · Besos Fríos Vintage
Conversación y fotografías · FrankPhoto
Ciudad de México · Octubre 2026

“Un espacio está listo cuando los objetos consiguen hablar entre ellos. La historia debería empezar a contarse sola.”
Laura Negrete y Cristian Aburto
Besos Fríos Vintage es una tienda que reúne objetos de distintas épocas, organizados a partir de su procedencia, función y contexto histórico. Laura Negrete y Cristian Aburto, historiadores, están detrás de la tienda, y esa formación atraviesa también la manera en que seleccionan y organizan cada pieza.

Laura Negrete y Cristian Aburto, fundadores de Besos Fríos Vintage.
En Besos Fríos Vintage, exhibir no consiste únicamente en encontrar un lugar para un objeto. También implica investigar de dónde viene, entender con qué otras piezas puede relacionarse y reconocer cuándo necesita contexto y cuándo, por el contrario, necesita espacio.

Laura Negrete y Cristian Aburto
en conversación con FrankPhoto
Lo primero que suele llamarnos la atención de un objeto es su rareza. Esa misma rareza puede darle un valor histórico y permitirnos identificarlo dentro de una época concreta que nos resulte funcional e interesante.
Observamos los materiales, las técnicas de fabricación, las marcas, las inscripciones y el estado de conservación. Todo esto nos ayuda a determinar si el objeto es auténtico, una réplica antigua o una reproducción moderna. También nos interesa saber de dónde procede y qué puede contarnos sobre el estilo de vida de la sociedad en la que fue concebido.

En Besos Fríos no nos dejamos deslumbrar por las marcas de renombre. Apreciamos mucho los objetos que han recibido menos atención, porque muchas veces pueden resultar tan interesantes como aquellos que ya han sido estudiados, catalogados y valorados. Cuando una pieza ha logrado sobrevivir bien a su época, puede convertirse en algo extraordinario y único de su especie. Eso, para nosotros, le da un valor especial.


Una etiqueta comercial; y una selección de llaveros. Marcas, inscripciones y objetos de uso cotidiano aportan pistas sobre la procedencia, el uso y la época de las piezas.
“La intención no es solamente que el conjunto se vea bien, sino que permita construir una narrativa.”
Tenemos secciones organizadas por épocas y procuramos colocar cada objeto de acuerdo con su periodo, función, procedencia y relación histórica con otras piezas. Como historiadores, esta manera de ordenar nos resulta natural. Una pieza de principios del siglo XIX, por ejemplo, puede acompañarse de documentos, fotografías o elementos decorativos contemporáneos.
La intención no es solamente que el conjunto se vea bien, sino que permita construir una narrativa y comprender cómo se utilizaban esos objetos, cómo convivían entre sí y qué lugar ocupaban dentro de su contexto original.

Esto ocurre con frecuencia con algunos objetos cotidianos que nos trae la gente: utensilios, herramientas de casa o pequeños elementos decorativos cuya importancia puede no ser evidente a primera vista. Al relacionarlos con otras piezas de la misma época, aparecen nuevas pistas sobre su uso, su procedencia y la vida cotidiana de la que formaron parte.


Objetos reunidos en una misma composición; y fotografías y documentos. Al relacionar piezas de distinta naturaleza, aparecen relaciones que ayudan a situarlas dentro de un contexto.
A veces es como encontrar el elemento que hacía falta para que todo encajara. Un objeto aparentemente ordinario puede revelar muchísimo sobre los hábitos, la tecnología, el trabajo y la vida cotidiana de una determinada generación. En ocasiones, aquello que parecía insignificante termina siendo lo que nos ayuda a comprender mejor una época.

Una calculadora y otros objetos de uso cotidiano conservan indicios de las tecnologías, hábitos y formas de vida de otra época.
Somos un poco obsesivos con la manera de disponer las cosas. Para nosotros, un espacio está listo cuando los objetos consiguen hablar entre ellos y ninguno necesita que alguien esté al lado explicando por qué es valioso. La historia debería empezar a contarse sola.
Buscamos una composición y un equilibrio visual, pero no se trata solamente de que todo se vea bien. Nos interesa que exista una relación entre las piezas: que una conduzca a otra y que haya un diálogo entre sus épocas, sus materiales, sus usos o las historias que contienen.
También jugamos con el vacío. Dejar espacio no significa que falte algo; muchas veces significa que finalmente encontramos el lugar que una pieza necesitaba para ser vista. El vacío permite que un objeto respire, tenga presencia y que el visitante pueda detenerse frente a él.
Nos pasó con una hélice de un avión de la Segunda Guerra Mundial, de 1940. Al principio pensamos en todo lo que podíamos colocar a su alrededor para acompañarla y contextualizarla. Al final descubrimos lo contrario: necesitaba espacio, no compañía.

“Nos interesa que exista una relación entre las piezas: que una conduzca a otra.”
Hay piezas que presentan dificultades por su contexto histórico, por cuestiones de regulación federal o simplemente por su tamaño, fragilidad, forma o porque su función original no resulta evidente. En esos casos, primero intentamos investigar su procedencia y su uso antes de decidir cómo mostrarlas.
Si una pieza no puede colocarse de manera segura o comprensible, preferimos resguardarla y darle un lugar donde pueda observarse sin riesgo, acompañándola, cuando es posible, de información sobre su época y su función.

Para nosotros, es preferible esperar hasta encontrar la manera adecuada de mostrar una pieza, de forma que su historia, su función y su contexto puedan acompañarla.
Besos Fríos Vintage
Laura Negrete y Cristian Aburto
Ciudad de México
Conversación y fotografías · FrankPhoto
Issue 0 · Lo Exhibido · Octubre 2026